Queremos compartir

  • una convicción
    —el ser humano necesita recuperar su dimensión espiritual—

  • y una intuición
    —la espiritualidad franciscana, en cuanto intuición de lo esencial del Evangelio, puede tener algo que decir en este tiempo de desorientación.

Te invitamos a participar en el encuentro mensual de oración de la Red Asís que tendrá lugar los últimos jueves de cada mes a las 19,30h.

Lugares en los que se celebra la oración mensual

 

Carta de este mes: Carta nº 187

Abril de 2024  Número 186

Principio 3. Vida cotidiana: Hacia fuera, solidaridad

La solidaridad no se da sólo desde quienes tienen algo hacia los que no tienen nada, sino también entre los iguales en la penuria y el sufrimiento.

Tema de reflexión

La solidaridad de los últimos

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

Cuando hablamos de solidaridad, sin pretenderlo, pensamos que se da de arriba hacia abajo, desde las personas y grupos que pueden ayudar hacia quienes necesitan esa ayuda: de los ricos hacia los pobres, de los sanos hacia los enfermos, de los cultos hacia los incultos, etc. Nos nace imaginarnos la solidaridad como un movimiento en vertical. Sin embargo, la solidaridad se da también, y mucho, entre los iguales. Hay grupos de personas que se ayudan mutuamente, que organizan campañas de acompañamiento, de trabajo, de formación… entre ellos mismos. Así, en medio de esta cultura donde prima lo individual, subsisten y surgen colectivos de solidaridad entre iguales. Adquieren distintos nombres: trabajo comunitario, auzolan, movimiento popular…

Este tipo de solidaridad apunta a mucho más que a unos actos de generosidad esporádicos, nacidos de sentimientos pasajeros. Nace de una manera de pensar y de vivir en términos más de comunidad, de fraternidad. Según los casos pueden adquirir tintes también sociales y políticos, pero en general se mueve en los ámbitos de ciertas tradiciones comunitarias: barrio, poblado, vecindad, etc. Es un contraste ante el aislamiento, la autonomía mal entendida, la autosuficiencia y al “sálvese quien pueda” que reina en nuestra sociedad.

Es curioso cómo en el libro de los Hechos de los Apóstoles se dice que en las primeras comunidades cristianas “ponían todo en común y no había nadie que pasara necesidad”. Y en las historias de los orígenes del franciscanismo, el trabajo y el cuidado entre los hermanos y con la gente era de igual a igual. Quizá resulte que cuanto más tengamos y menos necesidades vivamos, menos contamos con los demás y nos vayamos volviendo más individualistas y egoístas. Mientras que en la necesidad, aunque no sea automático, surge la urgencia del movimiento solidario.

El espíritu franciscano no está lejos de esta realidad, sino que la lleva en sus entrañas, aunque ya no lo vivamos con tanta intensidad.

Texto bíblico: Hch 4,32-35

“El grupo de los creyentes pensaban y sentían lo mismo, y nadie consideraba como propio nada de lo que poseía, sino que tenían en común todas las cosas. Por su parte, los apóstoles daban testimonio con gran energía de la resurrección de Jesús, el Señor, y todos gozaban de gran estima. No había entre ellos necesitados, porque todos los que tenían hacienda o casas las vendían, llevaban el precio de lo vendido, lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad”.

Espiritualidad franciscana

Nada reclamaban como propio. Los libros y demás objetos que les habían sido dados, los usaban según la forma transmitida y observada por los apóstoles. A la par que en ellos y entre ellos reinaba una verdadera pobreza, eran liberales y generosos con todo lo que les había sido entregado por Dios, y por su amor daban de buena gana a cuantos se las pedían, y particularmente a los pobres, las limosnas que ellos habían recibido.

Cuando iban de camino y se encontraban con pobres que les pedían algo por amor de Dios, si no llevaban ninguna otra cosa que darles, les entregaban parte de sus vestidos, aunque viles. A veces les daban el capucho, separándolo de la túnica; a veces, una manga; a veces, otra pieza, descosiéndola de la túnica, en cumplimiento de lo que dice el Evangelio: A todo el que te pide, dale (Lc 6,30). Cierto día vino un pobre a pedir limosna a la iglesia de Santa María de la Porciúncula, donde a temporadas moraban los hermanos. Había allí una capa que había usado un hermano siendo todavía seglar. Como le dijese el bienaventurado Francisco que se la diera a aquel pobre, aprisa y corriendo fue por ella y se la dio lleno de alegría (TC 43-44).

Oración

¿Quién escucha a quién cuando hay silencio?
¿Quién empuja a quién, si uno no anda?
¿Quién recibe más al darse un beso?
¿Quién nos puede dar lo que nos falta?
¿Quién enseña a quién a ser sincero?
¿Quién se acerca a quien nos da la espalda?
¿Quién cuida de aquello que no es nuestro?
¿Quién devuelve a quién la confianza?
¿Quién libera a quién del sufrimiento?
¿Quién acoge a quién en esta casa?
¿Quién llena de luz cada momento?
¿Quién le da sentido a la Palabra?

¿Quién pinta de azul el Universo?
¿Quién con su paciencia nos abraza?
¿Quién quiere sumarse a lo pequeño?
¿Quién mantiene intacta la Esperanza?
¿Quién está más próximo a lo eterno:
el que pisa firme o el que no alcanza?
¿Quién se adentra al barrio más incierto
y tiende una mano a sus “crianzas”?
¿Quién elige a quién de compañero?
¿Quién sostiene a quien no tiene nada?
¿Quién se siente unido a lo imperfecto?
¿Quién no necesita de unas alas?
¿Quién libera a quién del sufrimiento?…

(Luis Guitarra)

)

Epílogo de la Carta

“La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”. (Eduardo Galeano)

Evangelio diario del mes de mayo de 2024

Las personas que deseen hacer una lectura diaria del Evangelio, según las lecturas que corresponden cada día, tienen a continuación las referencias de todo el mes:

1 Jn 15, 1-8 / 2 Jn 15, 9-11 / 3 Jn 15, 12-17 / 4 Jn 15, 18-21 / 5 Jn 14, 15-21 / 6 Jn 15, 26-16, 4a / 7 Jn 16, 5-11 / 8 Jn 16,12-15 / 9 Jn 16,16-20 / 10 Jn 16, 20-23 / 11 Jn 16, 23-28 / 12 Mt 28,16-20 / 13 Jn 16, 29-33 / 14.Jn 17, 1-11a / 15 Jn 17, 11b-19 / 16 Jn 17,20-26 / 17 Jn 21,15-19 / 18 Jn 21, 20-25 / 19 Jn 20,19-23 / 20. Mc 9,14-29 / 21. Mc 9,30-37 / 22. Mc 9,38-40 / 23. Mc 14,12a.22-25 / 24. Mc 10,1-12 / 25. Mc 10,13-16 / 26. Mt 28,16-20 / 27. Mc 10,17-27 / 28. Mc 10,28-31 / 29. Mc 10,32-4 / 30. Mc 10,46-52 / 31. Lc 1,39-56

La Oración del mes de mayo será el día 30

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Repositorio de cartas

Evangelio del día

Marcos 10,13-16

Marcos:Introducción12345678910111213141516

Jesús bendice a los niños
(Mt 19.13-15; Lc 18.15-17)
13 Llevaron unos niños a Jesús, para que los tocara; pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban.14 Jesús, viendo esto, se enojó y les dijo:
–Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos.15 Os aseguro que el que no acepta el reino de Dios como un niño, no entrará en él.h
16 Tomó en sus brazos a los niños y los bendijo poniendo las manos sobre ellos.