Queremos compartir

  • una convicción
    —el ser humano necesita recuperar su dimensión espiritual—

  • y una intuición
    —la espiritualidad franciscana, en cuanto intuición de lo esencial del Evangelio, puede tener algo que decir en este tiempo de desorientación.

Te invitamos a participar en el encuentro mensual de oración de la Red Asís que tendrá lugar los últimos jueves de cada mes a las 19,30h.

Lugares en los que se celebra la oración mensual

 

Carta de este mes: Carta nº 186

Abril de 2024  Número 186

Principio 2. Vida cotidiana: Hacia dentro, humildad

La vida ordinaria puede ser el reflejo de una vida tediosa, sin ningún aliciente vital. También puede ser la verdadera muestra de una entrega amorosa sostenida, más allá de sueños pueriles alejados de la realidad.

Tema de reflexión

Prioridad de la vida ordinaria

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

La mayor parte de nuestra existencia la invertimos en la vida ordinaria, esa que no tiene ningún brillo especial: rutina diaria, relaciones habituales, ritmo de trabajo y descanso... En nuestra cultura del bienestar se valoran especialmente los tiempos de vacaciones relacionadas con esas vidas brillantes que destacan sobre las demás. Por ello, la vida ordinaria, la cotidiana, es percibida como casi no vida. La expresión “esto sí que es vida” no se refiere a la vida plana de todos los días, sino a esa otra más extraordinaria por algún motivo: sensaciones nuevas, placer llamativo, descanso desenfadado y despreocupado, con un estilo fuera de lo habitual, o también con un punto de dinamismo juvenil…

Y sin embargo, quitando algunos momentos marcados de la vida que nos piden romper con algunas cosas, la mayor parte de nuestra biografía se desarrolla en la vida ordinaria. Y es precisamente en ella donde van tomando forma y van aquilatándose las cosas más importantes de nuestra existencia: las relaciones que marcan, las opciones que hemos tomado, nuestras verdaderas potencialidades y limitaciones… La realidad que nos toca vivir, con todas sus ambivalencias, es más rica que nuestros ideales, nuestros sueños, nuestros deseos de perfección.

Es en la vida ordinaria donde nos jugamos en verdad lo que somos y queremos ser. Es en ella donde nos vamos gastando y vamos dejando lo que somos. Por ello, es en la vida ordinaria donde somos en verdad lo que somos, y vamos siendo de verdad. Esa mirada es imprescindible para vivir en verdad nuestra condición. Y Dios nos quiere ahí, precisamente. Es una de las mayores lecciones vitales que requiere tiempo y humildad.

Podemos vivirla como rutina que seca el corazón, o como rutina que ahonda la interioridad, que hace el amor más profundo y una fe más verdadera, aunque más oculta.

Texto bíblico: Ex 23,1-6.8-9

No difundas rumores falsos; no des falso testimonio para apoyar al que sostiene una causa injusta. No hagas el mal, aunque la mayoría lo haga, ni declares en un pleito inclinándote por la mayoría y violando la justicia. Tampoco favorecerás al poderoso en sus pleitos. Si encuentras el buey de tu enemigo o su asno perdido, llévaselo. Si ves el asno del que te odia caído bajo el peso de su carga, no te desentiendas de él, ayúdale a levantarlo. No violes el derecho del pobre en sus causas. No te dejes sobornar con regalos, porque el regalo ciega incluso al que tiene los ojos abiertos. No oprimas al emigrante; vosotros conocéis cuál es la condición del emigrante, pues fuisteis emigrantes en Egipto.

Espiritualidad franciscana

La gente iba notando que los hermanos se alegraban en las tribulaciones y las llevaban con paciencia por el Señor. Iba notando que perseveraban en continua y devotísima oración; que, a diferencia de los demás pobres necesitados, no recibían ni llevaban dinero; y que mutuamente se querían con entrañable cariño, señal distintiva de que eran discípulos del Señor. Por todo lo cual, con la gracia divina, se ablandaron los corazones de muchos; venían a ellos y les pedían perdón de las afrentas que les habían hecho. Los hermanos, perdonándoles de corazón, les respondían alegres: «El Señor os lo perdone». Y así les escuchaban luego de buena gana.

Todos los días se dedicaban a la oración y al trabajo manual para ahuyentar hasta la sombra de la ociosidad, enemiga del alma. Por las noches, con igual solicitud, se levantaban a media noche, según la palabra del profeta: A media noche me levantaba para celebrarte (Sal 119,62), y rezaban con mucha devoción y a menudo con lágrimas.

Se querían mutuamente con amor entrañable; mutuamente se servían y se preocupaban los unos de los otros, como una madre sirve a su hijo y se cuida de él. (AP 24-25).

Oración

Dios Padre Bueno, guíame,
acompáñame en mi caminar,
hacia la felicidad plena contigo.
No dejes Señor
que me detenga
en el camino emprendido.
Enséñame a seguir esperando
aunque no vea resultados;
a seguir trabajando
con paciencia
a pesar de los fracasos
En el camino de la conversión
he de ir desprendiéndome
de todo lo que me pesa
y me hace fatigoso el caminar
Pero creo, Señor,
que Tú conoces mis anhelos
y no dejarás
mi vida infecunda.
Creo y espero porque amo
y necesito ser amado.
Y yo sé Señor
que Tú me amas.
Amén.

(Hermanas clarisas de Huesca)

Epílogo de la Carta

“Esto es la vida espiritual, las cosas corrientes que se hacen todos los días.” P. D. James (escritora)

Evangelio diario del mes de abril de 2024

Las personas que deseen hacer una lectura diaria del Evangelio, según las lecturas que corresponden cada día, tienen a continuación las referencias de todo el mes:

1 Mt 28,8-15 / 2 Jn 20,11-18 / 3 Lc 24,13-35 / 4 Lc 24,35-48 / 5 Jn 21, 1-14 / 6 Mc 16, 9-15 / 7 Jn 20, 19-31 / 8 Jn 3,1-8 / 9 Jn 3,5a.7b-15 / 10 Jn 3, 16-21 / 11 Jn 3, 31-36 / 12 Jn 6, 1-15 / 13 Jn 6, 16-21 / 14 Lc 24,35-48 / 15 Jn 6, 22-29 / 16 Jn 6, 30-35 / 17 Jn 6, 35-40 / 18 Jn 6,44-51 / 19 Jn 6,52-59 / 20 Jn 6, 60-69 / 21 Jn 10, 11-18 / 22 Jn 10,1-10 / 23. Jn 10,22-30 / 24. Jn 12,44-50 / 25. Mc 16,15-20 / 26. Mt 5,13-16 / 27. Jn 14,7-14 / 28. Jn 15,1-8 / 29. Mt 11,25-30 / 30. Jn 14,27-31a

La Oración del mes de abril será el día 25

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Repositorio de cartas

Evangelio del día

Juan 12,44-50

Juan:Introducción123456789101112131415161718192021

Las palabras de Jesús juzgarán a la gente
44 Jesús dijo con voz fuerte: “El que cree en mí no cree solamente en mí, sino también en mi Padre, que me ha enviado.45 Y el que me ve a mí, ve también al que me ha enviado.g46 Yo, que soy la luz,h he venido al mundo para que los que creen en mí no permanezcan en la oscuridad.47 Pero a aquel que oye mis palabras y no las obedece, no soy yo quien le condena, porque yo no he venido para condenar al mundo sino para salvarlo.i48 El que me desprecia y no hace caso de mis palabras, ya tiene quien le condene: las palabras que he dicho le condenarán el día último.j49 Porque yo no hablo por mi propia cuenta; el Padre, que me ha enviado, me ha ordenado lo que debo decir y enseñar.50 Y sé que el mandato de mi Padre es para vida eterna. Así pues, lo que digo, lo digo como el Padre me ha ordenado.”