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Febrero de 2024  Número 184

Principio 4. Vida cotidiana: Hacia fuera, solidaridad

En nuestra cultura está extendida la idea de que si cada cual mira por sí la convivencia adquiere un sano equilibrio. Sin embargo, la generosidad es un ingrediente sin el cual no hay vida humana sana. La fraternidad necesita generosidad.

Tema de reflexión

La generosidad

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

“Hay que tomarse la vida en serio” es una frase bastante oída. Y ciertamente así ha de ser. Sólo se vive una vez y, por tanto, hay que querer jugar bien la partida. No podemos perder el tiempo de nuestra existencia en vaciedades y en superficialidades. Pero también es verdad que, para poder vivir con seriedad la única vida que se nos ha dado, tenemos que aprender a relativizar muchas cosas que, de primeras, nos parecen muy importantes y que en el devenir de la vida vemos que no lo son tanto. Cuando nos vemos entrampados por tantas necedades podemos desesperar o podemos tomarlo con deportividad y, sobre todo, con un sabio humor que nos ayude a encajar esas cosas que nos harían sonrojarnos: sueños megalómanos, ansias de perfección, envidias, vanidades, nuestras pequeñas mentiras para con nosotros mismos, nuestras necesidades inconfesadas… Es ese punto de humor que nos hace reírnos de nosotros mismos.

Es una creencia que la sociedad adulta es el equilibrio de fuerzas adquirido entre individuos autónomos. Pero la experiencia humana de las personas también enseña que nos hace más humanos, más plenos si nuestras relaciones están marcadas por la generosidad y no por el egoísmo.

Si solo voy a lo mío, puede que haya épocas en las que parezca que la vida me va bien. Pero llegará el momento en el que me encuentre solo. Quizá rodeado de gente, pero solo; porque no he podido generar con otras personas lazos basados en unas relaciones humanas libres de algún interés más allá de mi persona. Si solo voy a lo mío, no me encontraré con nadie más que conmigo mismo; no sabré qué es la amistad, la hermandad, la fraternidad. Quizá llame amigos a personas, pero solo tanto en cuanto consiga algo a cambio; y eso no es amistad, no llena la necesidad del encuentro humano.

La generosidad es un ingrediente imprescindible en la convivencia entre los hermanos, entre las hermanas. Es esa capacidad de darnos sin buscar nada a cambio; es esa entrega por el bien de la otra persona; es ese encuentro desinteresado a favor de otros. Esa entrega -parece mentira- nos hace más grandes, nos ensancha y nos esponja. La fraternidad es uno de los ámbitos donde podemos desplegar la generosidad; y precisamente, cuanto más nos demos, más recibiremos a cambio; pero no de ida, sino de vuelta.

La atención de mi entrega no está puesta en mí, sino en la otra persona. De algún modo, la generosidad es un descentramiento de uno mismo, dejar de ser el centro del universo y poner al otro en el punto de mi interés. Dios ha puesto a cada uno de nosotros en el punto de su interés: “No he venido a ser servido sino a servir”. Él es el modelo para nuestra entrega fraterna.

Texto bíblico: 2Cor 8,1-5.7.9

Queremos haceros saber, hermanos, la gracia que Dios ha concedido a las iglesias de Macedonia. Porque han sido muchas las tribulaciones con que han sido probadas, y sin embargo su gozo es tal que, a pesar de su extrema pobreza, han derrochado generosidad. Porque doy testimonio de que han contribuido según sus posibilidades y aun por encima de ellas. Por propia iniciativa nos pedían con gran insistencia que les permitiéramos participar en esta ayuda a los creyentes. Superando incluso nuestras esperanzas, se entregaron en persona primero al Señor y luego a nosotros, pues tal era la voluntad de Dios. Puesto que sobresalís en todo, sed primeros también en esta obra de caridad. Pues ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza.

Espiritualidad franciscana

El hecho sucedió en Celano. Un día de invierno, San Francisco llevaba puesto, doblado en forma de manto, un paño que le había prestado cierto amigo de los hermanos de Tívoli. Y, estando en el palacio del obispo de Marsi, se le presenta una anciana que pedía limosna. En seguida suelta del cuello el paño y se lo alarga -aunque no es suyo- a la anciana, diciéndole: «Anda, hazte un vestido, que bien lo necesitas». Sonríe la anciana, y, sorprendida, no sé si de temor o de gozo, toma de las manos el paño. Se larga muy presta y, por que no se diera -si tardaba- el peligro de que lo reclamasen, lo corta con las tijeras.

Pero, al comprobar que el paño cortado no basta para una túnica, torna a donde el Santo, en las alas de la generosidad que había experimentado, y le hace ver lo insuficiente del paño. El Santo vuelve los ojos al compañero, que llevaba a la espalda otro de igual medida, y le dice: «¿Oyes, hermano, lo que dice esta pobrecilla? Suframos el frío por amor de Dios y da el paño a la pobrecilla para que complete la túnica». Dio él, da también el compañero; y, despojados el uno y el otro, visten a la anciana (2Cel 86).

Oración

Dios de amor y de gracia,
he dado oro
pero sólo hay tanto oro.
He dado sangre
pero sólo tengo tanta sangre que dar.
He dado mi tiempo
pero los días sólo tienen tantas horas.
He dado mi fuerza
pero incluso eso tiene sus límites.

Así que doy mi amor.
Porque el amor es el oro, y el amor es la sangre.
Y el amor es el tiempo, y el amor es la fuerza.
Pero el amor es también mucho más.
Porque el amor es Dios.
Y Dios es amor.
Y sólo Tú , oh Dios, no tienes límites.

Amén

Epílogo de la Carta

La ley de la prosperidad es generosidad. Si quieres más, da más. (Bob Proctor, escritor canadiense)

Evangelio diario del mes de febrero de 2024

Las personas que deseen hacer una lectura diaria del Evangelio, según las lecturas que corresponden cada día, tienen a continuación las referencias de todo el mes:

1. Mc 6,7-13 / 2. Lc 2,22-32 / 3. Mc 6,30-34 / 4. Mc 1,29-39 / 5. Mc 6,53-56 / 6. Mc 7,1-13 / 7. Mc 7,14-23 / 8. Mc 7, 24-30 / 9. Mc 7,31-37 / 10. Mc 8,1-10 / 11. Mc 1,40-45 / 12. Mc 8, 11-13 / 13. Mc 8,14-21 / 14. Mt 6,1-6.16-18 / 15. Lc 9,22-25 / 16. Mt 9,14-15 / 17. Lc 5, 27-32 / 18. Mc 1,12-15 / 19. Mt 25,31-46 / 20. Mt 6, 7-15 / 21. Lc 11, 29-32 / 22. Mt 16,13-19 / 23. Mt 5, 20-26 / 24. Mt 5, 43-48 / 25. Mc 9, 2-10 / 26. Lc 6,36-38 / 27. Mt 23,1-12 / 28. Mt 20, 17-28 / 29. Lc 16,19-31

La oración del mes de febrero será el día 29