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  • una convicción
    —el ser humano necesita recuperar su dimensión espiritual—

  • y una intuición
    —la espiritualidad franciscana, en cuanto intuición de lo esencial del Evangelio, puede tener algo que decir en este tiempo de desorientación.

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Carta de este mes: Carta nº 126

Abril de 2019  Número 126

Principio 2. Vida cotidiana: Hacia dentro, humildad

Como dice san Pablo: “yo sé de quién me he fiado, de Aquél que me ha amado siendo yo un traidor”. También san Francisco se ve abrumado por este amor inmerecido, que por un lado le lleva a verse como vil gusano, y a la vez le da la audacia de ponerse delante del lobo o del sultán, porque va fiado de Dios.

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Repositorio de cartas

Evangelio del día

Juan 18,1-40.19,1-42

Juan:Introducción123456789101112131415161718192021

2. Pasión y muerte (18–19)
Jesús es arrestado
(Mt 26.47-56; Mc 14.43-50; Lc 22.47-53)
18
Después de decir estas cosas, Jesús pasó con sus discípulos al otro lado del arroyo de Cedrón,a donde había un huerto en el que entró Jesús con ellos.bTambién Judas, el que le traicionaba, conocía el lugar, porque muchas veces se había reunido allí Jesús con sus discípulos.Así que Judas se presentó con una tropa de soldados y con algunos guardias del templo enviados por los jefes de los sacerdotes y por los fariseos. Iban armados y llevaban lámparas y antorchas.Pero como Jesús ya sabía todo lo que había de pasarle, salió a su encuentro y les preguntó:
–¿A quién buscáis?
–A Jesús de Nazaret –le contestaron.
Dijo Jesús:
–Yo soy.c
Judas, el que le traicionaba, estaba también allí con ellos.Cuando Jesús les dijo: “Yo soy”, se echaron atrás y cayeron al suelo.Jesús volvió a preguntarles:
–¿A quién buscáis?
Repitieron:
–A Jesús de Nazaret.
Jesús les dijo:
–Ya os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad que los demás se vayan.
Esto sucedió para que se cumpliese lo que Jesús mismo había dicho: “Padre, de los que me confiaste, ninguno se perdió.”d10 Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó y le cortó la oreja derecha a uno llamado Malco, criado del sumo sacerdote.11 Jesús dijo a Pedro:
–Vuelve la espada a su lugar. Si el Padre me da a beber esta copa amarga,e ¿acaso no habré de beberla?
Jesús ante Anás
(Mt 26.57-58; Mc 14.53-54; Lc 22.54)
12 Los soldados de la tropa, con su comandante y los guardias judíos del templo, arrestaron a Jesús y lo ataron.13 Le llevaron primero a casa de Anás, porque este era suegro de Caifás,f el sumo sacerdote de aquel año.14 Este Caifás era el mismo que había dicho a los judíos: “Es mejor que un solo hombre muera por el pueblo.”g
Pedro niega conocer a Jesús
(Mt 26.69-70; Mc 14.66-68; Lc 22.55-57)
15 Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. El otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, de modo que entró con Jesús en la casa;16 pero Pedro se quedó fuera, a la puerta. Por eso, el discípulo conocido del sumo sacerdote salió y habló con la portera, e hizo entrar a Pedro.h17 La portera preguntó a Pedro:
–¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?
Pedro contestó:
–No, no lo soy.
18 Como hacía frío, los criados y los guardias del templo habían encendido fuego y estaban allí, calentándose. Pedro también estaba entre ellos, calentándose junto al fuego.
Jesús es interrogado por el sumo sacerdote
(Mt 26.59-66; Mc 14.55-64; Lc 22.66-71)
19 El sumo sacerdotei comenzó a preguntar a Jesús acerca de sus discípulos y de lo que enseñaba.20 Jesús le respondió:
–Yo he hablado públicamente delante de todo el mundo. Siempre he enseñado en las sinagogas y en el templo,j donde se reúnen todos los judíos; así que no he dicho nada en secreto.21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a quienes me han escuchado y que ellos digan de qué les hablaba. Ellos saben lo que he dicho.
22 Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardias del templo le dio una bofetada,k diciéndole:
–¿Así contestas al sumo sacerdote?
23 Jesús le respondió:
–Si he dicho algo malo, muéstrame qué ha sido; y si lo que he dicho está bien, ¿por qué me pegas?
24 Entonces Anás envió a Jesús, atado, al sumo sacerdote Caifás.
Pedro niega de nuevo a Jesús
(Mt 26.71-75; Mc 14.69-72; Lc 22.58-62)
25 Entre tanto, Simón Pedro seguía allí, calentándose junto al fuego. Le preguntaron:
–¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?
Pedro lo negó, diciendo:
–No, no lo soy.
26 Luego le preguntó uno de los criados del sumo sacerdote, pariente del hombre a quien Pedro le había cortado la oreja:l
–¿No te vi con él en el huerto?
27 Pedro lo negó otra vez, y en aquel mismo instante cantó el gallo.m
Jesús ante Pilato
(Mt 27.1-2,11-14; Mc 15.1-5; Lc 23.1-5)
28 Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano.n Como ya comenzaba a amanecer, los judíos no entraron en el palacio, pues habrían quedado ritualmente impuros y no habrían podido comer la cena de Pascua.ñ29 Por eso salió Pilatoo a hablar con ellos y les preguntó:
–¿De qué acusáis a este hombre?
30 –Si no fuera un criminal –le contestaron–, no te lo habríamos entregado.
31 Pilato les dijo:
–Lleváoslo y juzgadle conforme a vuestra propia ley.
Los judíos contestaron:
–Los judíos no tenemos autoridad para ejecutar a nadie.p
32 Así se cumplió lo que Jesús había dicho sobre la manera en que tendría que morir.q33 Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó:
–¿Eres tú el Rey de los judíos?r
34 Jesús le dijo:
–¿Eso lo preguntas tú de tu propia cuenta o porque otros te lo han dicho de mí?
35 Le contestó Pilato:
–¿Acaso yo soy judío? Los de tu nación y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
36 Jesús le contestó:
–Mi reino no es de este mundo. Si lo fuese, mis servidores habrían luchado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
37 Le preguntó entonces Pilato:
–¿Así que tú eres rey?
Jesús le contestó:
–Tú lo has dicho: soy rey.s Yo nací y vine al mundo para decir lo que es la verdad. Y todos los que pertenecen a la verdad, me escuchan.t
38 –¿Y qué es la verdad? –le preguntó Pilato.
Jesús, sentenciado a muerte
(Mt 27.15-31; Mc 15.6-20; Lc 23.13-25)
Después de esta pregunta, Pilato salió otra vez a hablar con los judíos. Les dijo:
–Yo no encuentro ningún delito en este hombre.39 Y ya que tenéis la costumbre de que os ponga en libertad a un preso durante la fiesta de la Pascua, ¿queréis que os ponga en libertad al Rey de los judíos?
40 Todos volvieron a gritar:
–¡A ese no! ¡A Barrabás!
Y Barrabás era un ladrón.
19
Pilato, entonces, ordenó que azotaran a Jesús.Además, los soldados tejieron una corona de espinas y la pusieron en la cabeza de Jesús, y le vistieron con una capa de color rojo oscuro.aLuego se acercaban a él, diciendo:
–¡Viva el Rey de los judíos!
Y le golpeaban en la cara.
Pilato volvió a salir y les dijo:
–Mirad, os lo he sacado para que sepáis que yo no encuentro en él ningún delito.b
Salió, pues, Jesús, con la corona de espinas en la cabeza y vestido con aquella capa de color rojo oscuro. Pilato dijo:
–¡Ahí tenéis a este hombre!
Cuando le vieron los jefes de los sacerdotes y los guardias del templo, comenzaron a gritar:
–¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!
Pilato les dijo:
–Pues lleváoslo y crucificadle vosotros, porque yo no encuentro ningún delito en él.
Los judíos le contestaron:
–Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir porque se ha hecho pasar por Hijo de Dios.c
Al oir esto, Pilato tuvo más miedo todavía.Entró de nuevo en el palacio y preguntó a Jesús:
–¿De dónde eres tú?
Pero Jesús no le contestó nada.d10 Pilato insistió:
–¿Es que no me vas a contestar? ¿No sabes que tengo autoridad, tanto para ponerte en libertad como para crucificarte?
11 Jesús le contestó:
–Ninguna autoridad tendrías sobre mí, si Dios no te la hubiera dado.e Por eso, el que me ha entregadof a ti es más culpable de pecado que tú.
12 Desde aquel momento, Pilato buscó la manera de poner en libertad a Jesús; pero los judíos le gritaban:
–¡Si le pones en libertad, no eres amigo del césar! ¡Todo el que se hace rey es enemigo del césar!
13 Al oir esto, Pilato ordenó que sacaran a Jesús, y luego se sentóg en el tribunal, en el lugar que llamaban en hebreo Gabatá (es decir, El Empedrado).14 Era la víspera de la Pascua, hacia el mediodía.h Pilato dijo a los judíos:
–¡Aquí tenéis a vuestro Rey!
15 Pero ellos gritaban:
–¡Muera! ¡Muera! ¡Crucifícalo!
Pilato les preguntó:
–¿Acaso he de crucificar a vuestro Rey?
Y los jefes de los sacerdotes le contestaron:
–¡No tenemos más rey que el césar!
16 Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.i
Crucifixión de Jesús
(Mt 27.32-44; Mc 15.21-32; Lc 23.26-43)
17 Jesús, llevando su cruz, salió para ir al llamado “Lugar de la Calavera” (que en hebreo es Gólgota).18 Allí lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado.19 Pilato mandó poner sobre la cruz un letrero que decía: “Jesús de Nazaret, Rey de los judíos.”20 Muchos judíos leyeron aquel letrero, porque el lugar donde crucificaron a Jesús se hallaba cerca de la ciudad, y el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego.21 Por eso, los jefes de los sacerdotes judíos dijeron a Pilato:
–No escribas: ‘El Rey de los judíos’, sino: ‘El que dice ser Rey de los judíos.’
22 Pero Pilato les contestó:
–Lo que he escrito, escrito queda.
23 Después de crucificar a Jesús, los soldados tomaron sus ropas y se las repartieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también su túnica, pero como no tenía costura, sino que estaba tejida de arriba abajo de una sola pieza,24 se dijeron entre ellos:
–No la partamos. Echémosla a suertes, a ver a quién le toca.
Así se cumplió la Escritura que dice: “Se repartieron entre sí mi ropa y echaron a suertes mi túnica.”j Esto fue lo que hicieron los soldados.
25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María Magdalena.k26 Cuando Jesús vio a su madre y junto a ella al discípulo a quien él quería mucho,l dijo a su madre:
–Mujer, ahí tienes a tu hijo.
27 Luego dijo al discípulo:
–Ahí tienes a tu madre.m
Desde entonces, aquel discípulo la recibió en su casa.n
Muerte de Jesús
(Mt 27.45-56; Mc 15.33-41; Lc 23.44-49)
28 Después de esto, como Jesús sabía que ya todo se había cumplido, y para que se cumpliera la Escritura,ñ dijo:
–Tengo sed.
29 Había allí una jarra llena de vino agrio.o Empaparon una esponja en el vino, la ataron a una rama de hisopop y se la acercaron a la boca.30 Jesús bebió el vino agrio y dijo:
–Todo está cumplido.
Luego inclinó la cabeza y murió.
La lanzada en el costado
31 Era el día de la preparación de la Pascua. Los judíos no querían que los cuerpos quedasen en las cruces durante el sábado, pues precisamente aquel sábado era muy solemne.q Por eso pidieron a Pilato que ordenara quebrar las piernasr a los crucificados y quitar de allí los cuerpos.32 Fueron entonces los soldados y quebraron las piernas primero a uno y luego al otro de los crucificados junto a Jesús.33 Pero al acercarse a Jesús vieron que ya había muerto. Por eso no le quebraron las piernas.
34 Sin embargo, uno de los soldados le atravesós el costado con una lanza, y al momento salió sangre y agua.t35 El que cuenta esto es uno que lo viou y que dice la verdad. Él sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis.36 Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ningún hueso.”v37 Y en otra parte dice la Escritura: “Mirarán al que traspasaron.”w
Jesús es sepultado
(Mt 27.57-61; Mc 15.42-47; Lc 23.50-56)
38 Después de esto, José, el de Arimatea,x pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. José era un seguidor de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos. Pilato le dio permiso, y José fue y se llevó el cuerpo.39 También Nicodemo, el que una noche fue a hablar con Jesús,y llegó con unos treinta kilosz de perfume de mirra y áloe.a40 José y Nicodemo, pues, tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas empapadas en aquel perfume, según acostumbraban hacer los judíos para enterrar a sus muertos.41 En el lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo,b donde todavía no se había depositado a nadie.42 Allí pusieron el cuerpo de Jesús, porque el sepulcro estaba cerca y porque ya iba a empezar el sábado de los judíos.c
III. ¡JESÚS HA RESUCITADO! (20–21)
El sepulcro vacío
(Mt 28.1-10; Mc 16.1-8; Lc 24.1-12)
20
El primer día de la semana,a María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio quitada la piedra que tapaba la entrada.Corrió entonces a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús quería mucho,b y les dijo:
–¡Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto!
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.Los dos iban corriendo juntos, pero el otro corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro.Se agachó a mirar y vio allí las vendas, pero no entró.Detrás de él llegó Simón Pedro, que entró en el sepulcro. Él también vio allí las vendas,y vio además que la tela que había servido para envolver la cabeza de Jesús no estaba junto a las vendas, sino enrollada y puesta aparte.cEntonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio lo que había pasado y creyó.Y es que todavía no habían entendido lo que dice la Escritura,d que él tenía que resucitar.10 Luego los discípulos regresaron a casa.
Jesús se aparece a María Magdalena
(Mc 16.9-11)
11 María se quedó fuera, junto al sepulcro, llorando. Y llorando como estaba, se agachó a mirar dentro12 y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies.13 Los ángeles le preguntaron:
–Mujer, ¿por qué lloras?
Ella les dijo:
–Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
14 Apenas dicho esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, aunque no sabía que fuera él.15 Jesús le preguntó:
–Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo:
–Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, para que yo vaya a buscarlo.
16 Jesús entonces le dijo:
–¡María!
Ella se volvió y le respondió en hebreo:
–¡Rabuni! (que quiere decir “Maestro”).
17 Jesús le dijo:
–Suéltame, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre.e Pero ve y di a mis hermanosf que voy a reunirme con el que es mi Padre y vuestro Padre,g mi Dios y vuestro Dios.
18 Entonces fue María Magdalena y contó a los discípulos que había visto al Señor, y también lo que él le había dicho.h
Jesús se aparece a los discípulos
(Mt 28.16-20; Mc 16.14-18; Lc 24.36-49)
19 Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana,i los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos.j Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:
–¡Pazk a vosotros!
20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado.l Y ellos se alegraronm de ver al Señor.21 Luego Jesús dijo de nuevo:
–¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros.n
22 Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió:
–Recibid el Espírituñ Santo.23 A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar.o
Las dudas de Tomás
24 Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo,p no estaba con ellos cuando llegó Jesús.25 Después le dijeron los otros discípulos:
–Hemos visto al Señor.
Tomás les contestó:
–Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré.
26 Ocho días después se hallaban los discípulos reunidos de nuevo en una casa, y esta vez también estaba Tomás. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, y poniéndose en medio de ellos los saludó diciendo:
–¡Paz a vosotros!
27 Luego dijo a Tomás:
–Mete aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino cree!
28 Tomás exclamó entonces:
–¡Mi Señor y mi Dios!q
29 Jesús le dijo:
–¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!r
El porqué de este libro
30 Jesús hizo otras muchas señales milagrosass delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.t31 Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en él.u
21 Jesús se aparece a siete de sus discípulosa
Después de esto, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos, a orillas del lago de Tiberias.b Sucedió de esta manera:Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, al que llamaban el Gemelo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeoc y otros dos discípulos de Jesús.Simón Pedro les dijo:
–Me voy a pescar.d
Ellos contestaron:
–Nosotros también vamos contigo.
Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada.Cuando comenzaba a amanecer, Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no sabían que fuera él.Jesús les preguntó:
–Muchachos, ¿no habéis pescado nada?
–Nada –le contestaron.
Jesús les dijo:
–Echad la red a la derecha de la barca y pescaréis.
Así lo hicieron, y luego no podían sacar la red por los muchos peces que habían cogido.eEntonces aquel discípulo a quien Jesús quería muchof le dijo a Pedro:
–¡Es el Señor!
Apenas oyó Simón Pedro que era el Señor, se vistió, porque estaba sin ropa,g y se lanzó al agua.Los otros discípulos llegaron a la playa con la barca, arrastrando la red llena de peces, pues estaban a cien metros escasosh de la orilla.Al bajar a tierra encontraron un fuego encendido, con un pez encima, y pan.10 Jesús les dijo:
–Traed algunos peces de los que acabáis de sacar.
11 Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, la red no se rompió.i12 Jesús les dijo:
–Venid a comer.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor.13 Jesús se acercó, tomó en sus manos el pan y se lo dio; y lo mismo hizo con el pescado.
14 Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.
El encargo de Jesús a Pedro
15 Cuando ya habían comido, Jesús preguntó a Simón Pedro:
–Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?
Pedro le contestó:
–Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
–Apacienta mis corderos.j
16 Volvió a preguntarle:
–Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Pedro le contestó:
–Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
–Apacienta mis ovejas.
17 Por tercera vez le preguntó:
–Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Pedro, entristecido porque Jesús le preguntaba por tercera vez si le quería, le contestó:
–Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
–Apacienta mis ovejas.k18 Te aseguro que cuando eras más joven te vestías para ir a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te vestirá y te llevará a donde no quieras ir.
19 Al decir esto, Jesús estaba dando a entender de qué manera Pedro había de morir, y cómo iba a glorificar a Diosl con su muerte. Después le dijo:
–¡Sígueme!m
El discípulo a quien Jesús quería mucho
20 Pedro se volvió y vio que detrás de él venía el discípulo a quien Jesús quería mucho, el mismo que en la cena había estado junto a él y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que va a traicionarte?”n21 Cuando Pedro le vio, preguntó a Jesús:
–Señor, ¿y qué hay de este?
22 Jesús le contestó:
–Si yo quiero que permanezca hasta mi regreso,ñ ¿qué te importa a ti? Tú sígueme.
23 Por esto corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho que no moriría, sino: “Si yo quiero que permanezcao hasta mi regreso, ¿qué te importa a ti?”
24 Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas y lo ha escrito. Y sabemos que dice la verdad.
25 Jesús hizo otras muchas cosas. Tantas que, si se escribieran una por una, creo que en todo el mundo no cabrían los libros que podrían escribirse.
Jesús es interrogado por el sumo sacerdote
(Mt 26.59-66; Mc 14.55-64; Lc 22.66-71)
19 El sumo sacerdotei comenzó a preguntar a Jesús acerca de sus discípulos y de lo que enseñaba.20 Jesús le respondió:
–Yo he hablado públicamente delante de todo el mundo. Siempre he enseñado en las sinagogas y en el templo,j donde se reúnen todos los judíos; así que no he dicho nada en secreto.21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a quienes me han escuchado y que ellos digan de qué les hablaba. Ellos saben lo que he dicho.
22 Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardias del templo le dio una bofetada,k diciéndole:
–¿Así contestas al sumo sacerdote?
23 Jesús le respondió:
–Si he dicho algo malo, muéstrame qué ha sido; y si lo que he dicho está bien, ¿por qué me pegas?
24 Entonces Anás envió a Jesús, atado, al sumo sacerdote Caifás.
Pedro niega de nuevo a Jesús
(Mt 26.71-75; Mc 14.69-72; Lc 22.58-62)
25 Entre tanto, Simón Pedro seguía allí, calentándose junto al fuego. Le preguntaron:
–¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?
Pedro lo negó, diciendo:
–No, no lo soy.
26 Luego le preguntó uno de los criados del sumo sacerdote, pariente del hombre a quien Pedro le había cortado la oreja:l
–¿No te vi con él en el huerto?
27 Pedro lo negó otra vez, y en aquel mismo instante cantó el gallo.m
Jesús ante Pilato
(Mt 27.1-2,11-14; Mc 15.1-5; Lc 23.1-5)
28 Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano.n Como ya comenzaba a amanecer, los judíos no entraron en el palacio, pues habrían quedado ritualmente impuros y no habrían podido comer la cena de Pascua.ñ29 Por eso salió Pilatoo a hablar con ellos y les preguntó:
–¿De qué acusáis a este hombre?
30 –Si no fuera un criminal –le contestaron–, no te lo habríamos entregado.
31 Pilato les dijo:
–Lleváoslo y juzgadle conforme a vuestra propia ley.
Los judíos contestaron:
–Los judíos no tenemos autoridad para ejecutar a nadie.p
32 Así se cumplió lo que Jesús había dicho sobre la manera en que tendría que morir.q33 Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó:
–¿Eres tú el Rey de los judíos?r
34 Jesús le dijo:
–¿Eso lo preguntas tú de tu propia cuenta o porque otros te lo han dicho de mí?
35 Le contestó Pilato:
–¿Acaso yo soy judío? Los de tu nación y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
36 Jesús le contestó:
–Mi reino no es de este mundo. Si lo fuese, mis servidores habrían luchado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
37 Le preguntó entonces Pilato:
–¿Así que tú eres rey?
Jesús le contestó:
–Tú lo has dicho: soy rey.s Yo nací y vine al mundo para decir lo que es la verdad. Y todos los que pertenecen a la verdad, me escuchan.t
38 –¿Y qué es la verdad? –le preguntó Pilato.
Jesús, sentenciado a muerte
(Mt 27.15-31; Mc 15.6-20; Lc 23.13-25)
Después de esta pregunta, Pilato salió otra vez a hablar con los judíos. Les dijo:
–Yo no encuentro ningún delito en este hombre.39 Y ya que tenéis la costumbre de que os ponga en libertad a un preso durante la fiesta de la Pascua, ¿queréis que os ponga en libertad al Rey de los judíos?
40 Todos volvieron a gritar:
–¡A ese no! ¡A Barrabás!
Y Barrabás era un ladrón.
19
Pilato, entonces, ordenó que azotaran a Jesús.Además, los soldados tejieron una corona de espinas y la pusieron en la cabeza de Jesús, y le vistieron con una capa de color rojo oscuro.aLuego se acercaban a él, diciendo:
–¡Viva el Rey de los judíos!
Y le golpeaban en la cara.
Pilato volvió a salir y les dijo:
–Mirad, os lo he sacado para que sepáis que yo no encuentro en él ningún delito.b
Salió, pues, Jesús, con la corona de espinas en la cabeza y vestido con aquella capa de color rojo oscuro. Pilato dijo:
–¡Ahí tenéis a este hombre!
Cuando le vieron los jefes de los sacerdotes y los guardias del templo, comenzaron a gritar:
–¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!
Pilato les dijo:
–Pues lleváoslo y crucificadle vosotros, porque yo no encuentro ningún delito en él.
Los judíos le contestaron:
–Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir porque se ha hecho pasar por Hijo de Dios.c
Al oir esto, Pilato tuvo más miedo todavía.Entró de nuevo en el palacio y preguntó a Jesús:
–¿De dónde eres tú?
Pero Jesús no le contestó nada.d10 Pilato insistió:
–¿Es que no me vas a contestar? ¿No sabes que tengo autoridad, tanto para ponerte en libertad como para crucificarte?
11 Jesús le contestó:
–Ninguna autoridad tendrías sobre mí, si Dios no te la hubiera dado.e Por eso, el que me ha entregadof a ti es más culpable de pecado que tú.
12 Desde aquel momento, Pilato buscó la manera de poner en libertad a Jesús; pero los judíos le gritaban:
–¡Si le pones en libertad, no eres amigo del césar! ¡Todo el que se hace rey es enemigo del césar!
13 Al oir esto, Pilato ordenó que sacaran a Jesús, y luego se sentóg en el tribunal, en el lugar que llamaban en hebreo Gabatá (es decir, El Empedrado).14 Era la víspera de la Pascua, hacia el mediodía.h Pilato dijo a los judíos:
–¡Aquí tenéis a vuestro Rey!
15 Pero ellos gritaban:
–¡Muera! ¡Muera! ¡Crucifícalo!
Pilato les preguntó:
–¿Acaso he de crucificar a vuestro Rey?
Y los jefes de los sacerdotes le contestaron:
–¡No tenemos más rey que el césar!
16 Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.i
Crucifixión de Jesús
(Mt 27.32-44; Mc 15.21-32; Lc 23.26-43)
17 Jesús, llevando su cruz, salió para ir al llamado “Lugar de la Calavera” (que en hebreo es Gólgota).18 Allí lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado.19 Pilato mandó poner sobre la cruz un letrero que decía: “Jesús de Nazaret, Rey de los judíos.”20 Muchos judíos leyeron aquel letrero, porque el lugar donde crucificaron a Jesús se hallaba cerca de la ciudad, y el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego.21 Por eso, los jefes de los sacerdotes judíos dijeron a Pilato:
–No escribas: ‘El Rey de los judíos’, sino: ‘El que dice ser Rey de los judíos.’
22 Pero Pilato les contestó:
–Lo que he escrito, escrito queda.
23 Después de crucificar a Jesús, los soldados tomaron sus ropas y se las repartieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también su túnica, pero como no tenía costura, sino que estaba tejida de arriba abajo de una sola pieza,24 se dijeron entre ellos:
–No la partamos. Echémosla a suertes, a ver a quién le toca.
Así se cumplió la Escritura que dice: “Se repartieron entre sí mi ropa y echaron a suertes mi túnica.”j Esto fue lo que hicieron los soldados.
25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María Magdalena.k26 Cuando Jesús vio a su madre y junto a ella al discípulo a quien él quería mucho,l dijo a su madre:
–Mujer, ahí tienes a tu hijo.
27 Luego dijo al discípulo:
–Ahí tienes a tu madre.m
Desde entonces, aquel discípulo la recibió en su casa.n
Muerte de Jesús
(Mt 27.45-56; Mc 15.33-41; Lc 23.44-49)
28 Después de esto, como Jesús sabía que ya todo se había cumplido, y para que se cumpliera la Escritura,ñ dijo:
–Tengo sed.
29 Había allí una jarra llena de vino agrio.o Empaparon una esponja en el vino, la ataron a una rama de hisopop y se la acercaron a la boca.30 Jesús bebió el vino agrio y dijo:
–Todo está cumplido.
Luego inclinó la cabeza y murió.
La lanzada en el costado
31 Era el día de la preparación de la Pascua. Los judíos no querían que los cuerpos quedasen en las cruces durante el sábado, pues precisamente aquel sábado era muy solemne.q Por eso pidieron a Pilato que ordenara quebrar las piernasr a los crucificados y quitar de allí los cuerpos.32 Fueron entonces los soldados y quebraron las piernas primero a uno y luego al otro de los crucificados junto a Jesús.33 Pero al acercarse a Jesús vieron que ya había muerto. Por eso no le quebraron las piernas.
34 Sin embargo, uno de los soldados le atravesós el costado con una lanza, y al momento salió sangre y agua.t35 El que cuenta esto es uno que lo viou y que dice la verdad. Él sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis.36 Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ningún hueso.”v37 Y en otra parte dice la Escritura: “Mirarán al que traspasaron.”w
Jesús es sepultado
(Mt 27.57-61; Mc 15.42-47; Lc 23.50-56)
38 Después de esto, José, el de Arimatea,x pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. José era un seguidor de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos. Pilato le dio permiso, y José fue y se llevó el cuerpo.39 También Nicodemo, el que una noche fue a hablar con Jesús,y llegó con unos treinta kilosz de perfume de mirra y áloe.a40 José y Nicodemo, pues, tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas empapadas en aquel perfume, según acostumbraban hacer los judíos para enterrar a sus muertos.41 En el lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo,b donde todavía no se había depositado a nadie.42 Allí pusieron el cuerpo de Jesús, porque el sepulcro estaba cerca y porque ya iba a empezar el sábado de los judíos.c
III. ¡JESÚS HA RESUCITADO! (20–21)
El sepulcro vacío
(Mt 28.1-10; Mc 16.1-8; Lc 24.1-12)
20
El primer día de la semana,a María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio quitada la piedra que tapaba la entrada.Corrió entonces a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús quería mucho,b y les dijo:
–¡Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto!
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.Los dos iban corriendo juntos, pero el otro corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro.Se agachó a mirar y vio allí las vendas, pero no entró.Detrás de él llegó Simón Pedro, que entró en el sepulcro. Él también vio allí las vendas,y vio además que la tela que había servido para envolver la cabeza de Jesús no estaba junto a las vendas, sino enrollada y puesta aparte.cEntonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio lo que había pasado y creyó.Y es que todavía no habían entendido lo que dice la Escritura,d que él tenía que resucitar.10 Luego los discípulos regresaron a casa.
Jesús se aparece a María Magdalena
(Mc 16.9-11)
11 María se quedó fuera, junto al sepulcro, llorando. Y llorando como estaba, se agachó a mirar dentro12 y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies.13 Los ángeles le preguntaron:
–Mujer, ¿por qué lloras?
Ella les dijo:
–Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
14 Apenas dicho esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, aunque no sabía que fuera él.15 Jesús le preguntó:
–Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo:
–Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, para que yo vaya a buscarlo.
16 Jesús entonces le dijo:
–¡María!
Ella se volvió y le respondió en hebreo:
–¡Rabuni! (que quiere decir “Maestro”).
17 Jesús le dijo:
–Suéltame, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre.e Pero ve y di a mis hermanosf que voy a reunirme con el que es mi Padre y vuestro Padre,g mi Dios y vuestro Dios.
18 Entonces fue María Magdalena y contó a los discípulos que había visto al Señor, y también lo que él le había dicho.h
Jesús se aparece a los discípulos
(Mt 28.16-20; Mc 16.14-18; Lc 24.36-49)
19 Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana,i los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos.j Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:
–¡Pazk a vosotros!
20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado.l Y ellos se alegraronm de ver al Señor.21 Luego Jesús dijo de nuevo:
–¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros.n
22 Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió:
–Recibid el Espírituñ Santo.23 A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar.o
Las dudas de Tomás
24 Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo,p no estaba con ellos cuando llegó Jesús.25 Después le dijeron los otros discípulos:
–Hemos visto al Señor.
Tomás les contestó:
–Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré.
26 Ocho días después se hallaban los discípulos reunidos de nuevo en una casa, y esta vez también estaba Tomás. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, y poniéndose en medio de ellos los saludó diciendo:
–¡Paz a vosotros!
27 Luego dijo a Tomás:
–Mete aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino cree!
28 Tomás exclamó entonces:
–¡Mi Señor y mi Dios!q
29 Jesús le dijo:
–¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!r
El porqué de este libro
30 Jesús hizo otras muchas señales milagrosass delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.t31 Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en él.u
21 Jesús se aparece a siete de sus discípulosa
Después de esto, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos, a orillas del lago de Tiberias.b Sucedió de esta manera:Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, al que llamaban el Gemelo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeoc y otros dos discípulos de Jesús.Simón Pedro les dijo:
–Me voy a pescar.d
Ellos contestaron:
–Nosotros también vamos contigo.
Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada.Cuando comenzaba a amanecer, Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no sabían que fuera él.Jesús les preguntó:
–Muchachos, ¿no habéis pescado nada?
–Nada –le contestaron.
Jesús les dijo:
–Echad la red a la derecha de la barca y pescaréis.
Así lo hicieron, y luego no podían sacar la red por los muchos peces que habían cogido.eEntonces aquel discípulo a quien Jesús quería muchof le dijo a Pedro:
–¡Es el Señor!
Apenas oyó Simón Pedro que era el Señor, se vistió, porque estaba sin ropa,g y se lanzó al agua.Los otros discípulos llegaron a la playa con la barca, arrastrando la red llena de peces, pues estaban a cien metros escasosh de la orilla.Al bajar a tierra encontraron un fuego encendido, con un pez encima, y pan.10 Jesús les dijo:
–Traed algunos peces de los que acabáis de sacar.
11 Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, la red no se rompió.i12 Jesús les dijo:
–Venid a comer.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor.13 Jesús se acercó, tomó en sus manos el pan y se lo dio; y lo mismo hizo con el pescado.
14 Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.
El encargo de Jesús a Pedro
15 Cuando ya habían comido, Jesús preguntó a Simón Pedro:
–Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?
Pedro le contestó:
–Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
–Apacienta mis corderos.j
16 Volvió a preguntarle:
–Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Pedro le contestó:
–Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
–Apacienta mis ovejas.
17 Por tercera vez le preguntó:
–Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Pedro, entristecido porque Jesús le preguntaba por tercera vez si le quería, le contestó:
–Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
–Apacienta mis ovejas.k18 Te aseguro que cuando eras más joven te vestías para ir a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te vestirá y te llevará a donde no quieras ir.
19 Al decir esto, Jesús estaba dando a entender de qué manera Pedro había de morir, y cómo iba a glorificar a Diosl con su muerte. Después le dijo:
–¡Sígueme!m