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8 Mayo 2012

¿La fe cristiana sería algo innato en una persona que nunca jamás haya oído hablar de Dios ni de ninguno de esos temas?

 

La fe cristiana no es algo innato a la persona. Lo que es innato es la capacidad de la persona de abrirse a la trascendencia. La vida humana no se reduce al mero afán por satisfacer necesidades y deseos. En la persona nace el asombro ante lo bello, puede apostar por lo bueno e invertir toda una vida en la búsqueda de lo verdadero. En todos estos casos, el ser humano rompe las barreras de las necesidades biopsíquicas, sociales, ideológicas, etc. En este sentido, podemos abrirnos también a la presencia de lo que nos trasciende: Dios. Por ello, como dijo Pascal, el hombre es más que el hombre.

 Pero el dato peculiar de la fe cristiana no está en que podamos abrirnos a la trascendencia, a Dios, sino que ha sido Dios mismo quien ha decidido entablar una relación con la criatura humana en la historia. Más aún; Dios, en Jesús de Nazaret, se nos ha entregado definitivamente, mostrándose así a favor nuestro. Esto es lo que anuncia todo el Nuevo Testamento y la fe de la Iglesia desde los comienzos. Esto no es innato; es un acontecimiento al que una persona puede abrirse o no. Entra en juego la libertad de la persona para decidir si apuesta en su vida por ello o no. La fe cristiana no es un descubrimiento de lo que el ser humano ya tiene, sino que es un acontecimiento en la biografía de dicha persona: entra en relación con el Dios vivo.

 

 
24 Abril 2012

La trinidad son tres en uno. Es uno en tres manifestaciones distintas, ¿qué es la Trinidad?

Cuando los cristianos hablamos de la Trinidad de Dios no estamos hablando de una fórmula que desentraña lo que es Dios. Es más un modo de expresar algo del Misterio de Dios que una respuesta a una pregunta intelectual. Sucede que la fórmula dogmática de la Trinidad de Dios ha llegado a nosotros como parte de un bagaje cultural cristiano. Se nos ha enseñado que nuestro Dios, siendo uno, existe simultáneamente como tres personas divinas. Se hace incomprensible a nuestro entendimiento, marcado por los modelos científicos y filosóficos en los cuales nos movemos.

 Quizá un modo de acceder a ese estilo de hablar es cambiando la perspectiva. Las realidades que hacen referencia a las personas, pueden ser miradas desde el exterior y desde el interior. Por ejemplo, las relaciones personales pueden ser vistas como fenómenos observables por un ojo ajeno a la relación, no implicado en la misma relación; pero también pueden ser vistas por un ojo “subjetivo”, por el ojo del sujeto implicado en la misma relación. La mirada es muy diferente. La relación amorosa no es vista de la misma manera por un psicólogo que por un amante. Pensamos que la mirada del psicólogo es más “objetiva”, más imparcial que la del amante. Sin embargo, ¿ello conlleva que sea más verdadera? ¿Cuál de las dos miradas alcanza mayor profundidad humana?

 Este ejemplo nos ayuda a enfocar de un modo más ajustado la pregunta por la Santísima Trinidad que es Dios. Cuando, en la fe, vamos barruntando las pistas que Jesús nos da sobre su relación de amor con Dios como su Padre y el Espíritu que habita entre ellos, la fórmula de la Trinidad deja de ser un jeroglífico, para comenzar a ser una posible puerta hacia el abismo del Misterio que se nos abre en la fe. Nuestro ojo no puede ser “objetivo” en este caso, porque no mira desde fuera. Solamente el ojo “subjetivo”, que ve desde dentro de una relación personal con Dios, podrá vislumbrar el universo de relación que es Dios, y al cual hace referencia la fórmula del Dios Uno y Trino.

 

 
3 Abril 2012

La salvación. ¿Por qué y cómo nos salva? ¿De qué y para qué nos salva? ¿En qué se nota que nos salva? ¿Nos salva Dios o nosotros?

Nuestro conocimiento vital de la realidad está en función de lo que hemos vivido. Generalmente, pensamos que podemos conocer la realidad antes de vivirla: nos lo cuentan, lo leemos, escuchamos vivencias ajenas… De lo vivido sacamos conclusiones que nos acercan a lo que podríamos vivir. Una mala experiencia nos alerta sobre posibles circunstancias parecidas a la vivida; una buena experiencia nos anima a acercarnos a situaciones parecidas, porque prevemos que pueden repetirse dicha vivencia.

La salvación que Dios nos ofrece no corresponde a este orden de cosas. No podemos saber de antemano de qué nos salva, o cómo lo hace, o para qué. Nos resultaría de sumo agrado, pero sería como controlar el paso de Dios por nuestra vida. El secreto está en apreciar confiadamente que Dios nos quiere del todo y nos ofrece su misma vida en Jesús. ¿En qué se concreta eso? En cada persona dicha salvación adquiere una modulación única e intransferible. Cada uno lo vive de modo muy particular, del todo personal, según las circunstancias, la psicología, su historia vital…

Con todo, los testimonios de las personas que han experimentado el paso de Dios por sus vidas expresan ciertas concordancias. Entre otras:

- A la persona no se le ahorra trabajo, por más que el sujeto de la salvación sea Dios.

- Es salvada por amor, por cariño, porque así lo quiere Dios. La salvación es gratis, no impuesta. Desde su libertad, la persona puede aceptarla o rechazarla.

- Una vez aceptada, cae en la cuenta de la contradicción en la que estaba viviendo hasta ahora.

- Produce en la persona gozo y agradecimiento. Y lo vive como cambio de vida, conversión, transformación de muerte a vida…

- Además, es para algo, con una misión, que, generalmente, no es para uno mismo, sino para los demás.

 

 
6 Marzo 2012

Creo que deberíamos investigar más sobre nuestras raíces y puntos en común con otras culturas y comenzar a vivir compartiendo desde lo que nos une y no perder el tiempo en críticas sin sentido, que sólo confunden y dividen.

Ciertamente, hay mucho que trabajar en todo lo que nos puede llevar a compartir cuanto nos une a las diferentes culturas y creencias. Es más de lo que imaginamos. Es fácil subrayar las diferencias, lo que nos distingue en un primer nivel: los usos y costumbres, los modos de expresión, los comportamientos sociales…

Pero ahondando más en aquellos niveles que más nos hacen humanos, encontramos que las diferencias son menores. Porque, a fin de cuentas, son cosas parecidas los que a todos nos hacen humanos: las relaciones, nuestra dignidad de personas humanas, el sentirnos queridos y aceptados, los miedos ante las amenazas, el temor a lo desconocido, las preguntas que nos hacemos ante las cosas importantes de la vida…

Aceptamos que, en los niveles más exteriores, tenemos mucho que aprender en lo que se refiere a la convivencia entre diferentes. Pero también es cierto que, en los niveles más profundos, son más las cosas que nos unen que las que nos separan.

Con todo ello, hay también un tercer nivel, aquel que configura nuestra identidad más propia. En este nivel se inserta o nace la fe religiosa, la cual no es reducible a lo común humano; y entraña una tal novedad que nos abre a dimensiones nunca sospechadas únicamente desde nosotros.

Es ahí donde ubicamos la peculiaridad de nuestra fe cristiana. Sólo desde ella podemos nosotros abrirnos a las peculiaridades de las demás fes. Podemos convivir con ellas, pero no identificarnos. Es este un nivel de la existencia que no nos aleja, sino que nos empuja a acercarnos a los demás desde aquello que nos une: el amor, el respeto, la entrega.

 

 
19 Febrero 2012

¿POR QUE HAY TANTAS CRITICAS SOBRE RELIGION Y HACIA LA IGLESIA?

Yo creo que a veces el fanatismo nos lleva a ser sectarios, y criticar por decir algo, nada más.

Se han multiplicado las críticas negativas contra la religión en general y la Iglesia en particular. Se aducen razones para ello. He aquí algunas:

1. La Iglesia y la religión han tenido tan alta presencia en la vida de nuestra sociedad y de las personas que ahora, en el proceso de secularización de dicha sociedad, se pasa por fases de una fuerte reacción hacia todo lo que signifique religión e Iglesia.

2. Lo institucional está en horas de baja estima. Ahora bien, la Iglesia ha tenido –y sigue teniendo- una importante dimensión institucional. Esto es causa de que cuanto tenga que ver con la Iglesia goce de escasa valoración. En ella solo se salvan aquellas personas eclesiales que desarrollan su labor en trabajos de carácter social, como los misioneros, los dedicados al trabajo por el desarrollo o a favor de personas marginadas y excluidas de la sociedad, etc. Justamente aquellas presencias en las que la Iglesia muestra una menor carga institucional.

3. La propuesta de la Iglesia ha estado muy marcada por el dogma, lo moral y lo ritual. Esto ha supuesto  un fuerte autoritarismo por su parte. Por el contrario, la sociedad actual reafirma continuamente el valor de la libertad individual. Por lo que todo lo anterior es vivido como contrario a la libertad.

4 …

Frente a esta situación, los creyentes y miembros de la Iglesia corremos el peligro de posicionarnos en algunas de estas dos posturas extremas:

- una defensa numantina frente al “enemigo que nos cerca”, contra el cual debemos combatir con los medios a nuestro alcance. Esto conlleva el riesgo cierto de convertirnos en un gueto fundamentalista.

- o sumarnos a “lo actual”, con el consabido peligro de disolvernos en la marea de la cultura ambiente y dejar de ser nosotros mismos.

Este momento que nos toca vivir no es cómodo. Pero es un buen momento para purificar nuestra fe y autentificar nuestro seguimiento a Jesús, el Señor.

 
2 Febrero 2012
¿Cuáles serían los puntos cardinales para formar una pastoral juvenil partiendo de una mirada franciscana del mundo actual en un ambiente social altamente vulnerable?

No hay espacio para un tratamiento específico de la pastoral juvenil, ni tampoco competencia suficiente por quien escribe. Aun así, en este mundo actual, una pastoral desde una mirada franciscana tendría algunos subrayados:

- Mirada a la persona desde su verdad más íntima. No en función de objetivos pastorales, ni sociales, ni nada de eso, sino desde ella misma. Es criatura querida por Dios. Esto supone mirada humilde, cercana, desde dentro, no desde el rol ni otras instancias. Conlleva un exigente nivel de libertad interior por parte del agente pastoral.

- Respeto escrupuloso al proceso que vive la persona, atendiendo a sus diversos momentos vitales. No forzar pasos que violentan la vida, ni alargar etapas que evitan el tener que optar. Exige al agente preparación suficiente para captar los caminos que lleva la persona y para poder ayudarle.

- Ofrecimiento de la novedad de Jesús, el Evangelio. Lo mejor que podemos ofrecer es el tesoro que a nosotros mismos se nos ha dado descubrir. El agente estará despierto a la acción constante del Espíritu en su vida. Antes de ser catequista o agente de pastoral, o lo que sea, soy hermano de la persona a quien acompaño.

- Todo es para los demás. Se ofrece la novedad para servir a los hombres y mujeres de nuestro mundo. Ayudar a mirar amorosamente al mundo, por muy complicado que nos resulte. Desarrollo de la solidaridad, dedicación en alguna medida a los demás, entrega por amor…

 

 
17 Enero 2012
Creo que día a día observamos una gran diferencia entre el catecismo que hemos aprendido o nos han enseñado y la verdad del evangelio. ¿No deberían ser iguales?, muchas veces discrepan mucho uno del otro. ¿Cuál es la verdadera, cuál es la palabra de Dios? ¿Cuál deberíamos de seguir?

Un catecismo quiere ser una de las referencias para la fe de las personas creyentes. Su pretensión es ayudar a la fe en Jesús el Señor. Los catecismos son muchos. En cada época y país se han elaborado diversos catecismos, atendiendo a las diversas culturas, edades y situaciones de los creyentes. Es una mediación que la autoridad en la Iglesia ofrece para la vida de fe. Es muy estimable el que se nos ofrezca un catecismo, un compendio de doctrina de la fe. Pero, por ello mismo, es relativo, porque es una referencia entre otras, como son la Palabra, los sacramentos, los santos, la comunidad creyente, la realidad que nos toca vivir… El problema surge cuando se toma el catecismo como el único referente de la vida de fe. La fe queda reducida a una sola dimensión.

Lo más importante del catecismo está señalado en el último número de su prólogo:

Para concluir esta presentación es oportuno recordar el principio pastoral que enuncia el Catecismo Romano:

"El camino mejor es que el Apóstol [...] mostró: Toda la finalidad de la doctrina y de la enseñanza debe ser puesta en el amor que no acaba. Porque se puede muy bien exponer lo que es preciso creer, esperar o hacer; pero sobre todo debe resaltarse que el amor de Nuestro Señor siempre prevalece, a fin de que cada uno comprenda que todo acto de virtud perfectamente cristiano no tiene otro origen que el amor, ni otro término que el amor (Catecismo Romano, Prefacio, 10).

 

 
4 Enero 2012
¿Cuando las personas "piadosas" te marginan o te calumnian por no aceptar su sociología, su darwinismo social o por no hacerte de su grupo, ¿cuál es la respuesta? Silencio, alejamiento de la iglesia...Personalmente, ante ese infierno "confesional" sólo me queda agarrarme a IHS, y descubrir otro Dios, pero los primeros años fueron tan duros...

“Por sus frutos los conoceréis” dice Jesús en el Evangelio. Las personas, queramos o no, mostramos una identidad social acorde a los grupos de pertenencia. Cuando nos mostramos como cristianos, tomamos unas poses que socialmente se reconocen como propias de cristianos: unas prácticas, una moral, una ideología… Pero todo ello, generalmente no es más que eso: una práctica social, una moral, una ideología… Se supone que todo está sostenido por la fe en Jesús de Nazaret y su Padre Dios. Pero no hay que dar nada por supuesto. Es en la relación y en la marcha normal del día a día donde se va mostrando lo que sustenta a la persona. Una persona “piadosa” no es más cristiana que otra por ser piadosa, sino por ser misericordiosa: “sed misericordiosos como vuestro Padre del cielo”. La piedad y otras formas sociales, ligadas a la identidad cristiana, deberían ser reflejo de esa identidad cristiana, pero no siempre resulta así, desgraciadamente.

¿Cuál es la respuesta? Hay que verla en cada caso. Habrá situaciones que piden denunciar, otras en que haya que callar y alejarse de esas personas… Cada circunstancia irá señalando qué hacer. Pero en cualquiera de los casos, si soy cristiano, deberé dejarme conducir por el espíritu que inspiró a Jesús: el de la misericordia.

 

 
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