Mantenernos en la oración PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Administrator   
Martes 01 de Noviembre de 2011 00:00

Con la forma de vida que llevamos es fácil que pasen los días, las semanas e incluso los meses sin habernos parado de verdad a hacer oración, a darle un tiempo bueno a Dios. El día a día tiene su propio afán y si no paramos y damos paso al silencio , Dios se va difuminando como una idea, como algo que puede tener cierta importancia. Podemos vivir sin Dios, incluso nos puede parecer más fácil no complicarnos la vida en una historia complicada. Comienza a aparecer la duda, visluma Dios en la lejanía, podemos relativizarlo todo y nuestra fuente poco a poco se seca.

Buscar momentos de silencio, poner nuestro corazón en espera es comenzar a orar. La oración como lluvia suave, un poco todos los días, un poco de silencio, un poco de escucha, todos los días agradecer, todos los días pedir...nos sostiene la vida interior.
Buscando humildemente a Dios, acogemos día a día su palabra.
“Velar”, “perseverar”, “permanecer” son palabras importantes en la fe. Volver una y otra vez el rostro hacia Dios nos acerca a la fuente de todo don, a Jesús mismo. La oración nos ayuda a alejarnos del miedo, de la dureza del corazón. Estando atentos a la presencia de Jesús, nuestro corazón se reconforta.
La oración cotidiana nso permite velar en silencio, perseverar en la esperanza, permanecer atentos a la presencia de Dios en el mundo. Ponernos en silencio ante Él nos acerca a un camino que nos ayuda a amar y perdonar.

Fil4,4-7

 

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