La elección de la solidaridad PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Administrator   
Domingo 01 de Mayo de 2011 00:00

Hay dos maneras contrapuestas de colocarse ante la vida. Nuestro impulso ante la vida puede ser abrir o cerrar. Toda nuestra vida vivimos entre esas dos tendencias, y mucho de lo que tiene que ver con la felicidad pasa por ahí.

 

Por ejemplo, los hijos los podemos vivir como un derecho o como un regalo. Cuando nos planteamos cómo educarles, podemos dar preferencia a la prudencia, a la protección, podemos educar a los hijos para que nada les moleste, que nada les duela, podemos inculcarles nuestro miedo. O podemos abrirles al mundo, que se atrevan a ver más allá de nuestra casa, no ocultarles ni el dolor ni el sufrimiento, abrirles a la complejidad de la realidad. En mucha medida la forma de abordar su vida tiene que ver con esa elección.
Lo que le pidamos a la vida tiene que ver con elegir abrirnos o cerrarnos. Podemos elegir no sufrir, que tiene que ver con no sentir, o no ver, o no vivir. Podemos elegir acomodarnos y conformarnos con cierto confort, cierta sensación de seguridad, cierto egoísmo, que nos va centrando en nosotros mismos y en los nuestros más cercanos, convirtiendo nuestro interés en el centro de la vida. Sin darnos cuenta el egoísmo instala su poder y nuestra vida queda reducida. Esta elección supone cerrar, plegar, estrechar, cortar.
En alguna medida, en nuestra mano está abrirnos a la vida: abrirnos a los otros, poner nuestro interés y nuestra energía disponibles más allá de las puertas de nuestra casa, no pensar sólo en el derecho que tenemos, sino estar atentos a la injusticia que nos rodea, estar dispuestos a sufrir por otros, a permitir que nuestra energía, nuestras posibilidades e incluso nuestras posesiones puedan ser compartidas, dejar un poco de nosotros en otros, para otros, tener que sufrir por el dolor de otros. Tagore nos dice: “La vida se nos da, y la merecemos dándola”. La solidaridad tiene que ver con esta forma de aceptar la vida, de ponernos ante ella.
Y en los Evangelios Jesús nos dice: “No temáis”.

 

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