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A Dios nadie le ha visto jamás. La manera que tenemos para acercarnos a Él es mirar a Jesús. Mirar a Jesús es leer la vida de un hombre que nació en Galigea hace dos mil años. Seguimos los pasos de Jesús bautizado en el Jordán, donde comienza su vida pública y va descubriendo su misión poco a poco. Entramos en el tiempo del desierto, tiempo de oración y dificultad, en que Jesús debe descubrir cómo es el Reino, desde dónde llega su mensaje.
Seguimos sus palabras: bienaventurados los pobres…los afligidos…ellos heredarán la tierra. Todo se pone patas arriba: Nuestro Reino soñado siempre es desde el triunfo y el poder, no entendemos nada., el Mesías que todos esperaban poderoso, se convierte en el último, en servidor. Dios quiere a los pequeños, el Reino nace desde la humildad y la pequeñez. En Jesús la enseñanza y la vida son una misma cosa. Él nos habla del amor, vive la compasión hacia toda criatura, nos habla de un Reino revelado a los pequeños, donde todos somos amados por Dios. Cristo es fiel al Padre: todo lo vive desde esa fidelidad, lo que dice es las palabra que le ha sido revelada. Nada es Jesús sin la intimidad y adoración hacia el Padre, nada es Jesús sin su fidelidad radical y absoluta hacia Dios. Vamos entrando poco a poco en el misterio del Hijo. Y Jesús nos habla siempre de la promesa de Dios, del amor incondicional que Dios nos tiene. Pero también a lo largo de su vida Cristo va a descubriendo la dureza de nuestro corazón. Podemos ver a Dios en el hombre que sube a Jerusalén, consciente de que sus palabras se han vuelto peligrosas, que tenemos demasiado duro el corazón para la compasión y el perdón. Nos conmueve su compasión y su amor hacia todos. Nos conmueve su fidelidad total al Padre y, sin entender apenas nada, vamos poco a poco fiándonos, como Pedro, de su palabra de vida eterna. Entrar en el misterio de la muerte y resurrección de Jesús se nos hace grande, pero desde ahí todo tiene sentido. Jesús, el Hijo de Dios muerto y resucitado. Un misterio al que podemos acercarnos desde la fe. A Dios nadie le vio jamás; el Hijo único, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer.(Jn 1,18)
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